
Tal parece que el invierno
fue cómplice de abril,
tal parece que el invierno
conspira contra mi.
Inexorable el tren avanza
sin un rumbo conocido,
cual profeta en el desierto
sin un dios al que alabar.
Infértil búsqueda de paz
en un mundo que me es ajeno,
el ocaso rojo de domingo
presagiaba mi destino.
No requiero tu indulgencia.
No requiero tu compasión.
Plegarias sin un dios, insultos sin un receptor.
La tumba sin coronas, la carroza sin escoltas.
Desafiando todo intento de tranquilidad.
De estas heridas sólo fluye rabia y frustración.
Aquí es donde la ingenuidad viene a morir...
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